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Hay mujeres que no serían capases de acostarse con un hombre ni por 10000 monedas, pero si fuesen 100000 si lo harían, en cambio, Dios no acepta ningún regalo de los pecadores, por más que sea de lo más especial, en eso nos diferenciamos de las prostitutas, que nuestro honor, no tiene precio. A Dios le encantan las drogas fuertes, como el cáñamo aromático, el problema es que las desprecia cuando se las presentan los pecadores, esas iglesias abominables, por ejemplo. También le parece agradable los sacrificios como los ayunos, vigilias, alabanzas, holocaustos o la carne azada (aunque ya no la pide) etc., pero presentados por creyentes santos, pues Él desprecia todo lo que los pecadores le presentan. (Jeremías 6:20 NVI)
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