La grasa es un manjar para Dios, pero es despreciada por los falsos maestros, pero la verdad es que es saludable si no es en exceso, aunque es mejor la carne y grasa vegetal, también le gusta a Dios la parte gorda de la cola del carnero, aunque algunos la desechan, también le gustan las tripas, la harina refinada, el aceite. Toda esta comida era mecida, ofreciéndola al Señor y luego quemada en el altar. Moisés purificó a los sacerdotes con aceite santo y sangre santa, ellos por su parte tenían que comer el resto de la carne. Durante siete días no podían salir a pena de muerte del santuario, todo este rito de iniciación al sacerdocio era para limpiar de todo pecado tanto a los sacerdotes como al santuario donde iban a trabajar. (Levítico 8:25-36 NVI).
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