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Así como esos árboles de olivo que están cerca del trono de Dios «encarnaron» como los dos últimos profetas (Apocalipsis 11:4), también una parte tan importante del cuerpo de Dios, que es su boca, encarno como Jesús, el que nos salva del infierno (Juan 1:1), (Corán 34:33-34 VOSU).
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