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Jesús sació su ira al destrozar las cosas de los comerciantes en el templo (Juan 2:15-17), así que no debemos contener nuestra ira, o podría ser peligroso para nosotros y esas personas que la provocan, porque podríamos castigar más de lo debido, por eso cuando veamos que la copa de nuestra ira ya este llena, castiguemos a quien tengamos que castigar y tendremos paz. (Jeremías 6:11 NVI)
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