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A diferencia de los ángeles, nosotros, los humanos, padecemos muchos sufrimientos y grandes cargas, pero todo esto es recompensado con la fama y el poder que Dios nos concede, ya sea en esta vida o en la siguiente. Aunque los ángeles sean más fuertes, Dios nos tiene paciencia por nuestra debilidad (Alma 46:8-9 TJS)